Gastronomía y desigualdad

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Cada vez son más los grupos y encuentros de cocineras, sumilleres, productoras, científicas, periodistas, empresarias, organizadoras de eventos y congresos (entre otros perfiles laborales), que luchan por el reconocimiento y la igualdad de género en el mundo gastronomia.  La discriminación hacia la mujer, y la masculinización del  sector, han desplazado a la mujer.  Y la discriminación no es casual, si no un mecanismo de funcionamiento del entramado. Al igual que lo es la masculinzación del entorno gastronómico, ejerciendo como tal su función colonizante del hombre sobre el terreno.

Estos comportamientos, y su origen, merecen atención. Porque la desigualdad de género actual, tiene su origen en la infravaloración de las tareas realizadas históricamente por la mujer: como la cocina por ejemplo. Dando el merecido valor al trabajo que siguen realizando las mujeres, (aún sin reconocimiento ni renumeración), podremos avanzar hacia la igualdad de género.  Tratando el problema desde su raiz. Porque la cocina, cabe recordar, solo era una tarea más que se sumaba a todas las realizadas en silencio por las mujeres, desde tiempo imemorial.

Analizando el problema

Curiosamente al investigar la desigualdad de género en la hosteleria, el enfoque de los análisis y estudios se centra en la mujer como dueña y responsable del problema.  Obviando un análisis alternativo, que bien podría ser, el de analizar al hombre como el causante de la desigualdad: el porqué el hombre desplaza a la mujer de este terreno, y como monopoliza el mercado para su propio interés mediante la masculinización del sector, y la discriminación de la mujer.

En el sector de la restauración en España, casi el 70 % de los puestos altos en hostelería lo regentan los hombres, y el 91% de los puestos bajos: las mujeres.  La desigualdad queda reflejada en lo que encontramos en los medios de comunicación, porque la gastronomía, aparte de estar masculinizada, está muy glamurizada.  Las imágenes en los medios de comunicación lo dicen todo, se trata de un club de hombres; y es un club potente: en España el sector de la restauración representa el 25% del PIB.

Como indica un  estudio de la Universidad de Alicante, la desigualdad se debe principalmente a un comportamiento discriminatorio hacia la mujer.  Y los análisis del porqué la mujer no llega a posiciones de liderazgo en el sector de la restauración son cada vez más comunes.  Una simple búsqueda en google sobre este tema lo demuestra, pero la perspectiva sobre el tema de la desigualdad sigue siendo, en cierto sentido, una perspectiva masculina: el problema es, parece ser, propiedad y responsabilidad de la mujer.  Incluso en dicho estudio,  (ver página 77), la mujer se estudia en profundidad, incluso con cierta condescendencia:  sus carencias, (la falta de apoyo), sus sentimientos (falta de autoconfianza), y sus comportamientos, (finalmente la mujer prioritiza tareas dentro de su rol de género).

Estos análisis se deberían hacer de los hombres: sus carencias, lo que ellos sienten, (porqué buscan la fama, porqué necesitan competir) y sus comportamientos: su gerencia (como queda expuesto en el documental de Maya Gallus: cocinas hostiles, comportamientos discriminatorios ). Porque la estrepitosa ascensión a la fama de los hombres cocineros, merece atención.

Finalmente se trata de seres con talento en la cocina, meritorios de premios sin duda, pero vale preguntarse si la fama y la renumeración de ellos, no queda algo dispararatada con la humilde  presencia de ellas en este terreno.  Por lo que los mecanismos de discriminación tambien merecen atención, y en particular las ventajas y beneficios de la masculinización de la gastronomía para ellos.

Las ventajas

Liberarse de las responsabilidades domésticas es un ejercicio muy beneficioso y lucrativo para los hombres.  Las ventajas son: posición social, poder, remuneración, libertad. Y el hombre sale beneficiado de la organización no equitativa actual: pueden  tener familia sin que esta perjudique su progreso profesional.  La infravaloración de las actividades domésticas y el asumir que es cosa de mujeres es muy conveniente para los hombres.

El artículo en Munchies, la revista holandesa, tiene una perspectiva alentadora en el sentido de que indaga en la mentalidad masculina como parte del problema, -y no la femenina, se titula: “Varios Chefs nos dicen porqué creen que hay tan pocas mujeres en las cocinas profesionales de Holanda”.  Este artículo expone la mentalidad masculina como parte del problema, y nos hara reir, porque lo que piensan los hombres del porqué las mujeres no estan presentes apenas en las cocinas profesionales, es en sí evidencia de las actitudes sexistas,

La masculinización ha permeado la sicología dominante de la realidad socioeconómica hasta el punto de que en lugar de reconocer el trabajo realizado por las mujeres en el ámbito familiar a diario, trabajo del que nos beneficiamos todos, (incluidos muchos chefs), trabajo que sustenta la economía, -lo que hacemos es ignorarlo.  No darle su merecido valor, es muy conveniente  para la economía  y el status social de los hombres.  Lo que tambien se viene haciendo con mayor frecuencia para que este trabajo quede realizado y no sea un problema en el ámbito doméstico, es:  externalizarlo, (ayuda doméstica: limpieza, niñeras, cocineras, guarderías, cuidados para ancianos).  Lo cual es perfectamente comprensible en una situación de convivencia entre hombre y mujer, porque lo común es que si no se externaliza este trabajo, el trabajo  recae sobre la mujer. Pero el trabajo doméstico externalizado, lo hacen casi siempre: las mujeres, este trabajo es lo que el estudio denomina “puestos bajos” ese 91% del que se ocupan las mujeres. Pero estos trabajos se consideran “bajos” en función de la cantidad que cobran las trabajadoras, y no en función del valor real  del trabajo.  Sin este trabajo no funcionaria nuestra sociedad, y este trabajo, externalizado o no , lo siguen haciendo: las mujeres, en sus casas y en el ámbito laboral.

El Chef Heston Blumenthal con su familia. Foto: Dailymail.uk

El famoso chef Heston Blumenthal representa un ejemplo de esta situación de ventaja personal para el hombre.  Y lo reconoce.  Padre de tres hijos, ha declarado en numerosas ocasiones que fue ella, su mujer, Zanna Blumenthal,  quien se sacrificó con los niños y el hogar para que él pudiera construir su pequeño imperio de restaurantes y ganar las tres estrellas Michelin. El chef se divorció en el 2017.  Amablemente agradeció con estas palabras el papel de su mujer: “Zanna is the biggest reason for the success of the restaurant. She has been the one doing the sacrificing in order to support what I wanted to do.”:   -Zanna es la razón principal del éxito del restaurante, y es quien se ha sacrificado para apoyarme a mí en lo que yo queria hace

Pero el papel de Zanna no se limitaría a las actividades domésticas que entendemos como tales cuando estas se externalizan. Cuando como parte del equipo, una de las personas se dedica al hogar, y suele ser casi siempre la mujer,  existen al igual que en otros puestos de gerencia, un sin fin de tareas más como parte del trabajo. La gerencia de un hogar familiar es un trabajo que se merece reconocimiento social, aparte de una remuneración.

En el caso de la mujeres gerentes de familia, se despliegan a su vez como practicantes de varias profesiones.  Ejercen por ejemplo en:  sicólogia infantil, enfermería, secretaría, contabilidad, turoría, y limpieza.  Son agentes de viajes, jefes de compras, chóferes, terapéutas, relaciones públicas, profesoras, motivadoras de la empresa familiar, decoradoras, y cocineras.  Todas estas tareas y sobre todo, el ejercer la suma de ellas, sigue siendo un trabajo invisible, sin reconocimiento, y sin remuneración.  Y no es que las mujeres no estén preparadas para trabajar en el sector de la restauración. Segun el estudio titulado La desigualdad entre mujeres y hombres en el sector hostelero español  por la universidad de Alicante se asume que por ser mujer han de ocuparse de la familia con mayor responsabilidad que los hombres.

“Si el nivel educativo determinara el puesto que se ocupa en las empresas, las mujeres deberían ocupar la mayor parte de los puestos directivos ya que son mayoría las mujeres con nivel de estudios superiores. Tal y como se ha expuesto, sin embargo, hay que suponer que existen otros determinantes que impiden que se cumpla esta premisa. Actualmente, los puestos directivos, ocupados mayoritariamente por varones, exigen una gran disponibilidad horaria y los empresarios son reticentes a la hora de emplear mujeres en estos puestos debido al hecho de que estas asumen el grueso de las responsabilidades familiares, principalmente el cuidado de los hijos.”

El enaltecimiento del trabajo del hombre como cocinero,  tiene su origen en la infravaloración de las tareas familiaries, (incluida la cocina), que siguen siendo asumidas por la mujer.   Y mientras que las responsablidades familiares continuen siendo asumidas silenciosamente por la mujer, sin renumeración ni reconocimiento, los mecanismos de discriminación seguiran en pie.

Paula Ajuria – Octubre 2018