La feminización de la cocina tambien vale

“No se me escapa que las mujeres han luchado por muchos años para salir de la cocina, y actualmente luchan por recuperar ese lugar, que era suyo”  Maya Gallus

La cocina, un terreno historicamente femenino, se ha vuelto un mundo cotizado, prestigioso, y masculino.  Esto sucede en el momento que la cocina sale del ámbito familiar, y los hombres monopolizan el sector de la gastronomía,  con los premios, guias, asociaciones,  y restaurantes.  La gastronomia abarca el conjunto de conocimientos, actividades, recetas, técnicas culinarias y alimentos, teniendo en cuenta su  evolución histórica.  Pero esta evolución histórica, ahora se olvida, ha sido llevada a cabo principalmente por las mujeres.

La masculinización de la cocina

Al tiempo que aparecen los primeros restaurantes con la alta cocina, las mujeres van quedando en segundo plano.  Podria decirse, y según algunos análisis, que este desarrollo en cuanto a la sofisticación de los platos, se debe a que el hombre ha podido centrarse exclusivamente en la cocina sin la presión de las responsabilidades familiares, mientras que la mujer sigue siendo el pilar sobre el cual se sujeta la empresa familiar, liberando de este modo al hombre para que él ejerza con mayor profundidad y con mayor libertad, su trabajo como cocinero. 

Por lo que bien podriamos asumir, que si el hombre se ha podido permitir el lujo de la sofisticación de la cocina, ha sido gracias a la mujer. Sobre todo posteriormente con la nouvelle cuisine en los años 60 y estrepitosamente desde entonces hasta la actualidad, que es cuando las mujeres parecen desaparecer del panorama gastrónomico a medida que se dispara la imagen de chef masculino: afamado y pudiente .

Pero las mujeres han cocinado siempre,  y al igual que en otras áreas la mujer cobra menos, lo sabemos por los análisis hechos en cuanto a brechas salariales por género. Se entiende, en cubierto, que la mujer chef, vale menos, y que va ha tener que demostrar y luchar bastante mas que un hombre para conseguir lo mismo. Esta percepción es real, de hecho algunas chefs como vemos en el documental de Maya Gallus, han intentado parecer más masculinas para poder salir adelante en las cocinas de los hombres, comportamiento dificil de imaginar en un hombre.

 

La gerencia de los restaurantes, que es masculina en su estilo, según queda bien reflejado en la película documental de Maya Gallus’s: The Heat: A Kitchen (R)evolution, se caracteriza por la hostilidad. En el documental las mujeres chef entrevistadas explican como el funcionamiento de las cocinas masculinas no atiende a valores de igualdad de genero en absoluto y que en esencia constituye un modo de operar militarizado, sobre todo para las las mujeres, donde es difícil sobrevivir, y mas florecer.

 

Anne Marie Pic, es una de las participantes en el documental, y la única mujer chef con tres estrellas Michelin en Francia, dice que “muchos chefs masculinos integran a mujeres en sus brigadas. Pero todavía hay comportamientos machistas, misóginos; no se puede negar”.

Anne Marie Pic no tuvo formación profesional como cocinera si no que heredó el prestigioso restaurante familiar. Esto supuso un reto para ella, como mujer no fue aceptada en el restaurante y tuvo que tratar con un un personal desconfiado y reacio a las directrices de ella como mujer. Hoy en día en su restaurante dirige, una cocina que ella insiste, funciona bajo la calma y el respeto.

Son muchas las chefs que se pronuncian en contra de este régimen dictatorial y opresivo y que se quejan que han tenido que comportarse como hombres para trabajar en la cocina. Ironia difícil de comprender, cuando hasta hace poco la cocina era el corazón del hogar, terreno de las mujeres, el lugar donde se cocina para alimentar, nutrir, dar gusto y conectar con la familia.

La gastronomía, terreno de los hombres, es hoy en dia, como bien expone Maya Gallus en su pelicula documental, una industria que tiene mucho mas que ver con la competición y la gloria, que la alimentación, y la nutrición. Y el ambiente de trabajo no es amable.  En Australia, según explica la periodista, Emma Reynolds en un artículo que habla sobre la presión en la cocina y el indicio de suicidio entre jóvenes chefs en Australia hay una frase que los jóvenes cocineros aprendices suelen decirse: “ Push on Chef”, como dice ella, el mantra refleja la cultura macho-militar que existe.  Largas horas de trabajo, expectativas imposible de cumplir y muchísima presión, en este ambiente muchos abandonan.

El valor del trabajo

Pero si las mujeres abandonaran el comportamiento masculino en la esfera laboral, y no se despreciara el trabajo doméstico, si se diera su merecido valor a las tareas que siguen ejerciendo en silencio, y si estas se compartieran sin negociaciones si no como responsabilidad común, las cosas cambiarian.  Esto nos lo han demostrado los hombres en la cocina: no es mejor su cocina, si no el valor que ellos le dan.

Una simple búsqueda en google con frases como gastronomía y mujer, o gastronomía y desigualdad por ejemplo, podremos encontrar numerosos artículos sobre estos temas.  La inmensa mayoría de los artículos escritos en cuanto a la masculinización de la gastronomia, achaca la masculinización, a la desigualdad que existe en la sociedad. Se entiende que la apropiación de la profesión por parte los hombres, es fruto de un desequilibrio en el reparto de las tareas domesticas en el hogar, de lo cual aún se ocupa la mujer.

Este desequilibro significa que la mujer esta limitada a la hora de desarrollarse como chef por lo que finalmente tiene que decidir entre ser chef o ser madre. Cierto, pero la discriminación y la masculinizacion se basa en gran medida en la infravaloración del trabajo no remunerado, o mal pagado  realizado por las mujeres.  Menospreciar el trabajo de la mujer es un instrumento que empodera al hombre.

La escritora y ex diputada neozelandesa Marylin Warring que escribió: Si las Mujeres Contaran, habla en su libro, no solo de la desigualdad y la brecha salarial entre géneros, si no que explica los mecanismos de la infravaloración de las tareas realizadas por las mujeres, entre ellas la cocina, pero la cocina es solo un ejemplo más. El libro constituye un análisis de la economía moderna, sostiene que la economía dominante, que utiliza medidores como el PIB para contabilizar la producción de un país, ignora el trabajo no remunerado de las mujeres, y que la economía mundial pasa por alto el valor de la naturaleza

La autora, presenta las tareas realizadas típicamente por muchas mujeres, desde cocina, compra, sicología infantil…gestión del equipo familiar, organización de enseres, gestión de alimentos, hasta relaciones publicas, y agente de viajes por ejemplo.  Propone que el valor económico de estos trabajos deberían calcularse y contabilizarse. Este artículo por Annalisa Merelli & Youyou Zhou en Quartz at Work incluye  una calculadora para contabilizar y poner un precio a las tareas realizadas por las mujeres,  sin remunerar, tareas invisibles o ignoradas.  Y este otro estudio estadounidense por salary.com, concluye que el valor real de una madre dedicada al hogar y a los niños es de $162.581 al año. Enseguida vemos el valor que tiene el trabajo que realizan las mujeres cuando se le poner un valor en moneda, -y lo infravalorado que está.

Otro artículo reciente del 2017 en el Sydney Morning Herald, periódico australiano, expone el coste del cuidado de los niños, aun considerado como algo de lo que se ocupan las mujeres principalmente.  El titular lo dice todo: “What’s a woman really worth? The $345b value of unpaid work to Australia’s economy” -El valor real de la mujer: Los $345 billones de trabajo no pagado para la economia australiana-.

Podemos ver que en algunos paises ya aparecen estudios, libros, politicos y académicos que apuntan hacia la renumeración de los trabajos de la mujer en el hogar. La desigualdad de género en el ámbito de la gastronomía es una expresión más de la desigualdad de género en la sociedad.  Pero conocemos su origen: la infravaloración del trabajo de la mujer.

Como dijo  Einstein, los problemas no se solucionan con la misma mentalidad que se crearon. Si el valor del trabajo de los chefs, en cuanto a remuneración y estatus, ha sido catapultado en gran medida, por la masculinización de la profesión, pendiente está la feminización. La feminización tambien vale.

Paula Ajuria – Octubre 2018